Pertenece a la familia Saturniidae y se caracteriza por un marcado dimorfismo sexual y una envergadura alar de entre 80 y 110 milímetros en las hembras, siendo los machos notablemente más pequeños y estilizados. Las alas anteriores de Automeris coresus presentan una coloración críptica que varía entre tonos grisáceos, pardos y ocres, lo que les permite mimetizarse perfectamente con la corteza de los árboles durante el descanso diurno. Sin embargo, el rasgo más conspicuo de este lepidóptero se encuentra en sus alas posteriores, las cuales exhiben un gran ocelo o mancha ocular concéntrica de color negro, azul brillante y blanco en el centro, rodeado por un anillo amarillo, utilizado como un efectivo mecanismo de defensa deimático para ahuyentar a posibles depredadores. Las larvas son de un llamativo color verde brillante y están completamente cubiertas por ramificaciones de espinas urticantes cargadas de toxinas que provocan dolorosas reacciones alérgicas y dermatitis al contacto con la piel humana.
Distribución geográfica: Se localiza exclusivamente en el cono sur de Sudamérica, con registros estables y abundantes en países como Argentina (principalmente en las provincias norteñas y de la región central), Brasil (especialmente en los estados del sur y sudeste), Paraguay y Uruguay, mostrando una notable adaptación a diferentes latitudes templadas y subtropicales del continente.
Ambiente: Habita en una amplia variedad de ecosistemas terrestres que incluyen bosques templados, selvas en galería, áreas de matorral, pastizales húmedos y formaciones boscosas de los biomas del Chaco y de la Mata Atlántica. Debido a su gran plasticidad ecológica y a la variedad de plantas hospedantes de las que se alimenta su larva, es sumamente común encontrar poblaciones estables en entornos urbanos y suburbanos, tales como parques, jardines públicos y huertos frutales residenciales.
Alimentación: Presenta una marcada diferencia nutricional según su fase de desarrollo biológico. En su etapa adulta, este insecto posee un aparato bucal atrofiado que le impide alimentarse, por lo que su vida está limitada a unos pocos días y depende por completo de las reservas de energía acumuladas durante su fase larval. En contraste, las orugas son extraordinariamente polífagas y voraces, alimentándose de las hojas de una vasta diversidad de familias botánicas, que incluyen especies de Rosaceae (como durazneros y ciruelos), Fabaceae (como el ceibo y las acacias) y Solanaceae.
Comportamiento: Posee hábitos estrictamente nocturnos en su fase adulta, siendo los machos altamente atraídos por fuentes de luz artificial durante las primeras horas de la noche. Cuando un individuo se siente amenazado, adopta una postura defensiva levantando las alas anteriores para exponer repentinamente los llamativos ocelos de las alas posteriores, simulando la mirada de un vertebrado de mayor tamaño para intimidar a aves e insectívoros. Las orugas muestran un comportamiento gregario durante los primeros estadios de su desarrollo, desplazándose en procesión para alimentarse, y se vuelven solitarias a medida que maduran hacia los últimos instares.
Reproducción: El ciclo reproductivo se inicia con la liberación de feromonas sexuales altamente específicas por parte de las hembras vírgenes durante la noche, las cuales son detectadas por las antenas bipectinadas de los machos a largas distancias. Tras la cópula, la hembra deposita grupos densos de huevos ovoides de color blanquecino en el envés de las hojas de las plantas hospedantes. Tras la eclosión, el desarrollo larval transcurre a lo largo de varias semanas, culminando con la construcción de un capullo de seda resistente entre la hojarasca del suelo, donde ocurre la fase de pupa antes de la emergencia del imago.
Categoría de conservación: Actualmente no ha sido evaluada de manera formal por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), por lo que carece de una categoría oficial en la Lista Roja. No obstante, se considera una especie común y fuera de peligro de extinción inmediato, aunque sus poblaciones locales pueden verse afectadas negativamente por el uso indiscriminado de insecticidas químicos en áreas agrícolas y por la fragmentación severa de sus hábitats forestales nativos.
Compilación y publicación: EcoRegistros – 16/08/2026