Descripción: Furnárido de unos 16–17 cm de longitud con cola muy larga y puntiaguda, de tono rufo intenso. Posee frente rufa y ceja blanquecina poco notoria, y carece de copete. El dorso es pardo leonado; el pecho y la garganta, más claros, de tono crema ocráceo, y el vientre canela. Las alas son pardas oscuras con una ancha franja rojiza. El pico es fino, negro con la base inferior gris rosada, y las patas gris oscuro. Macho y hembra son similares.
Distribución geográfica: Habita los Andes del centro y sur de Perú, oeste de Bolivia y noroeste de Argentina. En el país fue descubierto recién en la década de 1990, confirmándose su presencia en el norte de Jujuy y Salta. Ocupa sectores muy restringidos entre los 2.900 y 3.600 m s.n.m., asociados a los bosques de queñoa (Polylepis spp.) y pastizales altoandinos, en el piso superior de las Yungas.
Ambiente: Frecuenta pastizales, matorrales y zonas rocosas de montaña con presencia de bosques relictos de queñoa (Polylepis spp.) y parches de aliso del cerro (Alnus acuminata), generalmente en quebradas húmedas. Prefiere la vegetación densa y de porte bajo.
Alimentación: Insectívoro. Captura pequeños artrópodos entre el follaje de arbustos y ramas de queñoas, aunque ocasionalmente busca alimento en el suelo.
Comportamiento: Es activo y nervioso, moviéndose rápidamente entre ramas y hojas, trepando y realizando vuelos cortos entre árboles o matorrales. Se lo observa solo o en pareja, y ocasionalmente en pequeñas bandadas mixtas junto a otras especies de furnáridos, como el coludito canela (Leptasthenura fuliginiceps). Emite un canto largo y trino, acelerado y descendente.
Nidificación: Se conoce un nido hallado en Bolivia, en diciembre: una estructura redondeada de tallos de hierba seca de unos 25 cm de diámetro, con entrada lateral, ubicada a unos 2,5 m de altura en un árbol de queñoa (Polylepis). El interior estaba forrado con lana de oveja y fibras vegetales.
Categoría de conservación: Especie de distribución muy restringida y asociada a hábitats altoandinos sensibles y fragmentados. En Argentina está categorizada como Vulnerable (VU) debido a la degradación de los bosques de queñoa por la tala, el pastoreo y los incendios. A nivel internacional figura como Preocupación Menor (LC), aunque su tendencia poblacional es decreciente y localmente podría considerarse Casi Amenazada (NT).