Presenta un marcado dimorfismo sexual tanto en tamaño como en morfología, siendo los machos adultos de Otaria flavescens notablemente más robustos que las hembras. Los individuos masculinos pueden alcanzar longitudes de hasta 2.7 metros y pesos de aproximadamente 300 a 350 kilogramos, distinguiéndose por una imponente melena de pelo largo y grueso que cubre su cuello y hombros, de tonalidades marrón grisáceo a pardo rojizo. Las hembras, en contraste, son mucho más estilizadas, miden alrededor de 2 metros de longitud, pesan cerca de 150 kilogramos y carecen de melena, exhibiendo una coloración general más clara, que varía del marrón amarillento al ocre. El hocico es romo, ancho y ligeramente respingón, coronado por vibrisas táctiles largas, mientras que sus extremidades anteriores y posteriores están modificadas en aletas robustas que les permiten una locomoción cuadrúpeda eficiente sobre el sustrato terrestre.
Distribución geográfica: Habita de manera continua a lo largo de las costas del sur de Sudamérica, extendiéndose desde el sur de Brasil en el océano Atlántico, abarcando todo el litoral de Uruguay y Argentina, incluyendo las Islas Malvinas, hasta el cabo de Hornos, y ascendiendo por el océano Pacífico a lo largo de toda la costa de Chile hasta el norte de Perú, con registros ocasionales en las islas Galápagos y el sur de Ecuador.
Ambiente: Se desenvuelve principalmente en zonas costeras e insulares, mostrando preferencia por playas de arena, cantos rodados, plataformas rocosas planas y acantilados de baja altura que faciliten el acceso al agua. Aunque es un mamífero estrictamente marino, suele adentrarse de manera temporal en estuarios, desembocaduras de ríos y bahías protegidas para descansar o evitar condiciones climáticas adversas, limitando su dispersión pelágica a la plataforma continental, raramente alejándose a más de unas pocas decenas de millas de la costa.
Alimentación: Es un depredador generalista y oportunista con una dieta sumamente diversa que varía según la estación y la disponibilidad local de presas. Consume una amplia gama de peces demersales y pelágicos como la merluza, la anchoíta y la corvina, así como abundantes cefalópodos, incluyendo calamares y pulpos. Ocasionalmente, incorpora a su dieta crustáceos como cangrejos y langostinos, y se han registrado eventos de depredación sobre pingüinos y crías de otras especies de pinnípedos.
Comportamiento: Destaca por su carácter gregario, congregándose en colonias populosas que pueden albergar miles de individuos, especialmente durante la época reproductiva. En tierra se comunica activamente mediante una compleja gama de vocalizaciones que incluyen fuertes rugidos, ladridos y bufidos, esenciales para la delimitación territorial y el reconocimiento materno-filial. A diferencia de los fócidos, posee la capacidad de rotar sus aletas posteriores hacia adelante, lo que le otorga una notable agilidad para desplazarse sobre terrenos rocosos y arenosos, mientras que en el agua demuestra ser un nadador sumamente ágil y veloz.
Reproducción: Su sistema de apareamiento es fuertemente poligínico, donde los machos más dominantes establecen y defienden vigorosamente territorios en las playas durante los meses de diciembre a febrero, formando harenes que pueden albergar entre 3 y 18 hembras. La gestación se extiende por aproximadamente once meses y medio, período que incluye una implantación diferida del blastocisto, resultando en el nacimiento de una única cría de color negro brillante que pesa alrededor de 12 a 15 kilogramos. Pocos días después del parto, las hembras entran en estro y se aparean nuevamente, alternando posteriormente viajes de alimentación en el mar con períodos de lactancia en tierra que pueden prolongarse por casi un año.
Categoría de conservación: Se clasifica actualmente bajo la categoría de Preocupación Menor (LC) en la Lista Roja de la UICN debido a su amplia distribución geográfica y a la recuperación sostenida de sus poblaciones tras el cese de la caza comercial masiva de los siglos pasados. No obstante, enfrenta amenazas contemporáneas persistentes como la captura incidental en redes de pesca, la competencia directa con las pesquerías industriales por recursos alimenticios, la contaminación por plásticos y derrames de hidrocarburos, y las perturbaciones antropogénicas en sus colonias de reproducción.
Compilación y publicación: EcoRegistros – 10/08/2026